Ingredientes para emprender con éxito
Estas tumbado en el sofá, de repente das un salto diciendo…¡Mmmm, tengo ganas de comer una tarta de fresa! Acto seguido te pones manos a la obra. Solo con la idea se te hace la boca agua y empiezas a salivar. Buscas una buena receta, reúnes los ingredientes, bajas al chino a por lo que te falta y en 30 minutos ya está en el horno.
Vuelves al sofá con un ojo en la tele y otro en el horno, sientes que van creciendo las ganas de probarla, de la misma manera que sube la tarta. Entonces en ese momento el lector puede preguntar ¿Qué tiene que ver hacer una tarta con ser un emprendedor? Tranquilo, te diría yo, no te estás equivocando de artículo. Hago esta analogía para ilustrar qué, al fin y al cabo el episodio narrado tiene mucho que ver con el éxito de tu futuro negocio.
Analicemos un poco que ha pasado en nuestra mente cuando estábamos tumbados en el sofá. En algún rincón de nuestro ser surgieron las “ganas” de saborear una deliciosa tarta de fresa. Si ralentizamos el proceso mental notaremos que junto con la “idea” surgía en nuestra mente la imagen de la tarta y es qué literalmente, antes de que la tarta existiera ya podíamos verla e incluso si apuramos un poquito más, podíamos olerla. Algo se encendió dentro de nosotros mucho antes de que encendiéramos el horno, algo, una chispa, y a esa chispa yo la llamo pasión.
Así que ya tenemos el primer ingrediente para el éxito de tu negocio, una pizca de pasión.
Sin la pasión, la tarta de nuestro proyecto no crece y aunque llegues a tener algún resultado no disfrutarás del proceso, saciarás el hambre material pero no el hambre del alma. Descubrir cuál es nuestra pasión antes de poner en marcha cualquier proyecto de emprendimiento, es fundamental y hará que te ahorres tiempo, disgustos y dinero.
Cuando descubres la pasión, por ende también estarás descubriendo el talento, ningún negocio puede tener un éxito que nos sacie sin al menos dos cucharitas de talento. Aunque el talento suele estar asociado a la idea de que tiene que ser innato, nuevos estudios científicos corroboran que también es algo que puede ser trabajado. Es evidente que el talento natural existe pero no todas las personas nacemos con las mismas disposiciones y habilidades innatas. Sin embargo y cada vez más, experimentos psicológicos confirman que importa más el nivel de preparación de que el talento innato. Y es que al final van a tener la razón los que dicen que él éxito consiste en un 10% de inspiración y un 90% de transpiración.
Sea cual sea el negocio que tengas, o que pretendas tener, si está alineado con una pasión interna y anclado en tu talento innato o trabajado, seguramente tendrás éxito, es solo una cuestión de tiempo y perseverancia.
Cuando decía que en cierto momento del proceso visualizamos una especie de imagen de la cosa acabada, antes de que la cosa empiece, quiero decir que en este momento estamos construyendo nuestro futuro. Mucho antes de estar lista, la tarta ya había sido creado por ti en el futuro y fue la fuerza de la pasión, que hizo que entraras en acción y pusieras manos a la obra para realizarla. Así qué, otro ingrediente seria el ejercicio de imaginar con todo lujo de detalle lo que realmente quieres alcanzar, ósea cual es el objetivo, pues quien no sabe a dónde se dirige probablemente llegará a un sitio equivocado.
Así que coge una pizca de pasión, dos cucharaditas de talento mezclado con un objetivo ilusionante, dos tazas de fe a gusto y un par de huevos, levántate del sofá y crea la tarta de tu futuro.
El fin de las formaciones aburridas

En vista del gran éxito la semana pasada de Cómicos Corporativos en la XII Expo eLearnig de RRHH celebrada en Madrid, cada vez se hace más evidente la necesidad de refrescar e innovar los modelos de presentación de formaciones, online o presenciales y eventos.
El uso abusivo del power point, la excesiva formalidad de los ponentes y principalmente la falta de sentido del humor, se hacen cuesta arriba para los asistentes que se ven desbordados por informaciones lineales dirigidas casi siempre al hemisferio izquierdo del cerebro, o sea, al analítico o intelectual.
En el formato de los cursos de formación deberíamos considerar que aparte de intelectuales también somos seres emocionales y qué, de lo que aprendemos solo captamos cerca del 10% del contenido. Sin embargo captamos mucho más la enseñanza que experimentamos o vivencíamos.
Todavía hay empresarios y responsables de RRHH que temen el humor como vía de comunicación, eso se da en general por la equivocada idea de que el humor está reñido con la responsabilidad y profesionalidad. Craso error, pues todos estamos de acuerdo en que el aprendizaje que recibimos lúdicamente en nuestra infancia lo atesoramos y practicamos el resto de nuestras vidas.
Sabemos que debajo del traje e independientemente del cargo todos tenemos un corazoncito. Es a él al que tenemos que dirigirnos, y no sólo al intelecto si queremos que nuestro mensaje llegue a calar profundamente y provocar un cambio constructivo del comportamiento, sostenible en el tiempo.
Rafeek Albertoni es Coaching, humorista e ilusionista.
Fundador de Ingenio Formación y de la Cía. Cómicos Corporativos.
Y tú, ¿eres pesimista u optimista?
Dijo uno de nuestros póstumos ilustres, del que ahora no me acuerdo el nombre, que ser optimista es más inteligente que ser pesimista. Pues yo opino lo mismo, aunque yo no sea ni tan ilustre y ni tan póstumo como él.
La primera razón es que creo que nuestros pensamientos, cuando son expresados a través de nuestras palabras, caen al suelo, nada más salir de la boca, formando el piso o pavimento que tendremos que transitar. Y eso es así, de la misma manera que nunca se ha visto un caso de corrupto honesto, tampoco hay casos de pesimistas con éxito.
Siempre que se entrevista a una personalidad con éxito en la vida, él se auto define como una persona optimista y que en situaciones de fracasos extremos, al caer, él se levantaba una y otra vez, con la firme convicción de que la hora más oscura de la noche es justo la que precede el amanecer. Así que creo que es más inteligente emular a los más exitosos que a los fracasados.
La otra razón es que puesto que la vida es una condena blanca, o sea, que si queremos estar vivos estamos obligados a vivirla, es cuestión de inteligencia concluir que una vez que no podemos elegir y que estando condenados a seguir, es mejor seguir con ilusión que con desesperanza; pues del contrario no tendríamos la mínima posibilidad de sobrevivir a los inúmeros desafíos que se nos presenta el día a día. En otras palabras, qué si la esperanza no existiera tendríamos que inventarla por el bien de la supervivencia de la especie y del individuo.
Es muy común escuchar una persona pesimista decir: No es que sea pesimista es que estoy bien informado. O sea, que una persona que no comparte su visión negativa de la vida es que no es tan culto o enterado como él. No estoy de acuerdo con eso, para mí la información no es lo más relevante y si lo que hacemos con ella.
Si las razones que he expuesto arriba no te parecen suficientes, razonemos a la inversa y te pido que me describas al menos tres razones de por qué crees que es inteligente elegir vivir esta vida tan corta y efímera pesimistamente.
Considerando que has tenido la paciencia de leerme hasta aquí, te dejo un regalito en forma de chiste, pues si crees que este artículo no te ha aportado nada, por lo mínimo que pases un ratito agradable.
La psicóloga pregunta al paciente que estaba siendo tratado de dependencia a la bebida.
¿Si te enseño una botella con líquido por la mitad, diría que esta medio llena o medio vacía?
Ell paciente le contesta:
Depende, si es de agua esta media llena pero si es de coñac esta medio vacía.
Rafeek Albertoni, es coach, conferenciante, ilusionista y humorista.
Es fundador de Ingenio Formaciones y co-autor del libro “Coach para trabajar de fábula.
No confundir seriedad con responsabilidad
O el buen humor en la empresa.
La semana pasada publiqué el artículo “¿Por qué el Sentido del Humor en la empresa es una cuestión de inteligencia?” Recibí muchos comentarios interesantes de varias personas. Todos sin excepción están de acuerdo en que muchas veces pasamos más tiempo en el trabajo que en el entorno familiar, y si no incorporamos el buen humor entonces “apaga y vámonos”.
También comentaron que el “Sentido del Humor” en el ámbito laboral está bien, pero que cuidado con transformarnos en el “bufón” de la oficina. Sin duda no se trata de eso.
En el entrenamiento que imparto del “Sentido del Humor para Empresas” hago hincapié en la idea de que “el verdadero sentido del humor” no significa solamente reírse y hacer reír, es también desarrollar la capacidad de mantenerse satisfecho con uno mismo y con la vida, como una leve sonrisa interna de satisfacción.
Otros, también concuerdan en que reírse nos abre a otras realidades, otras miradas, a crear visión compartida, que amplía las posibles soluciones a los problemas. Completamente de acuerdo porque la risa es la distancia más corta entre dos personas.
Lo que me gustaría aclarar en este artículo es el tema de la “serialización de la sociedad”. En el pasado solíamos reírnos hasta unas 300 veces al día y actualmente esta cantidad no pasa de 75 veces, según algunos estudios. Cuanto más avanza la sociedad comercial e industrial hacia la especialización, más nos invade el automatismo, mermando nuestra capacidad creativa que a su vez debilita la espontaneidad. Ahí reside el problema, pues la espontaneidad es el terreno fértil donde florece el sentido del humor.
Dentro de un ambiente con excesivos niveles de seriedad se tensa la atmósfera y los errores son vistos como algo negativo, digno de punición. Así, lo primero que se consigue es que la gente actúe cada vez más llevada por un impulso racional y proponga lo mínimo necesario por miedo a equivocarse.
El sentido del humor esta al servicio de distender las exigencias, de crear un ambiente laboral tolerante que incentiva a las personas a ser creativas. La creatividad y la imaginación son atributos del hemisferio derecho del cerebro, que para funcionar a toda máquina tiene que sentirse seguro y confiado.
La sociedad se está acostumbrando a confundir seriedad con responsabilidad. La verdad es que cuanto más serio se pone alguien al exponer un asunto, o una idea, seguramente es por falta de confianza en lo que sabe o en lo que dice. Por otra parte, la actitud de seriedad al transmitir un mensaje, puede ser un artificio para no permitir la transparencia de las intenciones del transmisor.
Suelo decir que nunca en la humanidad alguien declaró una guerra en una ronda de chistes.
Cierta vez una mujer que buscaba trabajo, colgó el siguiente anuncio por el barrio.
“Mujer seria busca trabajo”
Al cabo de un mes, no recibió ninguna llamada.
Para hacer un experimento cambió el anuncio por:
“Mujer alegre busca trabajo”
…Hasta hoy la siguen llamando…
Salud y risas.
Albertoni es Coach y formador de habilidades empresariales.
Fundador de Ingenio Formación y creador de Cómicos Corporativos.

