¿Y si intercambiamos los disfraces en el carnaval de la vida?
Podríamos aprovechar esta época de carnaval para descubrir cuál es nuestro disfraz original. Desde la cuna, la sociedad y las circunstancias, nos imponen máscaras, abalorios y atuendos que modelan nuestra personalidad, de modo que de tanto llevarlos puestas, con el pasar de los años, terminamos por confundir la fantasía con la realidad y ya no sabemos quién realmente somos.
Por eso os propongo un juego de carnaval que consiste en intercambiar nuestros disfraces con los de nuestros vecinos, con la intención de comprobar cómo se ve y se vive la vida desde otra perspectiva.
Por ejemplo, si tengo una tendencia política de derechas, cambiaré mi disfraz con el de un socialista para comprender de una vez por todas, como puede ser que esta criatura mire lo mismo que miro yo y desde luego no vea las mismas cosas.
Si soy un liberal a favor del aborto, del matrimonio homosexual y de la eliminación de fronteras debería ir por lo menos un día con el disfraz de “Tea Party”, para entender definitivamente como ellos pueden disfrutar de esta fiesta de colores, que es la vida, con un traje tan espeso y encorsetado.
Si eres del Barça prueba un día a ir al campo con el disfraz del Real Madrid, a sentarte y cantar con ellos, o al revés. Si haces eso, aun que sea en tu imaginación, descubrirás que realmente no hay absolutamente nada que os separe, que buscáis los mismos objetivos, que adoráis los mismos dioses y que al final de un partido deberíais iros a casa abrazados y no entre patadas y puñetazos.
Finalmente si eres ateo, vístete por una vez con un traje "Divino" para descubrir que estamos todos unidos por creencias distintas, pero aunque sean distintas no dejan de ser creencias.
El carnaval nos recuerda que lo malo nos es desfilar disfrazado y si creer que solo tú llevas el disfraz correcto.
Se dice que mañana es Miércoles de Ceniza, tal vez porque lo suyo sería quemar nuestras viejas mascaras y finalmente ir nos disfrazados de nosotros mismos.

